miércoles, 28 de octubre de 2015

Escalando palabras



Ecosistema
Existe en mi jardín una flor solar. Muere cuando el sol se sumerge en el horizonte y resurge con la primera claridad del alba. Los días nublados o de lluvia, se convierte en rana y espera paciente atrapando libélulas. Confunde a los ojos entre tallos altos y gruesos, hasta que regresa el sol y se evapora al instante tras un chasquido líquido. El perfume, de aromas inconcebibles, lo proporcionan el resto de las plantas, en un gesto vital para no quedar secas de envidia.

No-Cuento
Mientras te poseía, vos, poesía.

Prensa libre.
Lo cierto, lo innegable, lo debidamente corroborado que ofrece éste diario es; el crucigrama, la fecha, los obituarios y el oráculo, en el que cabe con alguna sospecha, el pronóstico del tiempo y el horario de los partidos, que son a confirmar.

Pampa
En el campo argentino, antes del alba, el nuevo día despabila la brisa que acaricia con sus dedos leves las hojas de los eucaliptos. Suenan cascabeles mínimos que despiertan a las abejas y a los pájaros. Los pájaros despiertan a los gallos, los gallos despiertan a los campesinos, los campesinos despiertan a las vacas y a los caballos. El desayuno despierta a los gurises. Cuando la rutina se aboca a sus quehaceres y el sol abrasa de a poquito la mañana, es cuando la brisa regresa a descansar entre las hojas inmóviles de los eucaliptos.



miércoles, 16 de septiembre de 2015

Experimento fallido

1966

-¡Viva Perón, viva Perón, carajo! Corría y gritaba como desquiciado el pibe flaco por la bajada Maipú, en dirección a la Aduana, mientras lo perseguían su perro y tres canas soltando los bofes. Minutos antes, había robado unos caramelos “Media Hora” en un almacén. Su sueño secreto, era ser preso político.




Cadáver
Los resultados de la autopsia que ordenó el gobierno, dicen de manera inequívoca, que está vivo. 

Democracia cristiana
El voto de castidad es universal, secreto y obligatorio.

Aviso al público:
Noche cerrada, por reformas de amaneceres.

miércoles, 19 de agosto de 2015

Saltando las normas


Solaz

Cuando el cielo está claro y el sol tibio casi horizontal, me da por mirar para arriba. Me tiro al pasto de espalda, con un yuyito de gramilla en la boca y respiro profundo el aire que puedo. Veo como las nubes dibujan surcos de algodón blanco. Me pregunto que estarán por sembrar.



Patrón.
Vamos a defender la propiedad privada hasta la última gota de sangre de nuestros mercenarios.


Mitológicidio griego


Después de años de infructuoso asedio a la ciudad amurallada, los invasores, abandonaron en la playa un tramposo caballo de madera y simularon retirase mar adentro con sus navíos. Los troyanos, que poco entendían sobre equinos, no se interesaron por él ni siquiera estimulados por la curiosidad. Días después, griegos ocultos y troyanos desde los muros, observaron cabalgar por la playa un brioso gigante de madera con destino incierto. Los escribas, desconcertados, fueron conminados al escarnio del relato oficial.

miércoles, 22 de julio de 2015

Soledades para solitarios


Los bares están llenos de gente húmeda, proclives al destiempo y al olvido. Soy del tipo de parroquianos que llega, deja el paraguas o el sombrero en cualquier parte y se desploma en la silla y mientras va cayendo pide un cortado. Cosa que ni falta hace porque el japonés sabe que es lo único que consumo de mi bolsillo. Por distraído, deje parte de mi patrimonio en pulloveres, tacos de billar, perramus, radios portátiles, un amor posible, relojes, anillos de ningún quilate y otras cosas que no recuerdo porque si las recordara, no me las hubiera olvidado. Una vez entré apurado y deje el sombrero en la cabeza de un tipo que se estaba yendo y nunca lo volví a recuperar. Un tipo alto, también era habitué del Bar Saigo que estaba en Corrientes y avenida. Tampoco lo volvieron a ver al miserable. Una tarde nublada, era jueves, tenía que ver a una piba que le venía arrastrando el ala, la polaca. Tenía un metejón estomacal y la invité al cine Sol de Mayo a ver “Un dólar marcado”. Debía declararme porque ya me estaba doliendo y hasta el discurso había preparado. -De esta tarde no pasa, me prometí. Le compre un ramito de gladiolos en el puesto de flores de enfrente. Lo dejé en el mostrador y me fui a jugar al casín. Papi, el japonés, lo puso en un vaso grande de agua porque no había floreros en esa clase de lugares. Los partidos se sucedieron, gané, gané, gané hasta que me tocó perder y me fui a media noche, con los bolsillos contentos y casi intoxicado por el humo del faso. Al otro día llego y lo primero que veo en el mostrador es el ramito de gladiolos marchitos.

domingo, 12 de julio de 2015

Zona de juegos


Campo santo

Los cortejos fúnebres de las tardecitas son divertidos. Los propios cadáveres arrastran los féretros hasta el cementerio, porque en el pueblo ya no quedan personas que presten ese noble servicio, ni ningún otro. Los muertos vivos, se vuelven a morir, algunos de muerte natural otros de muerte por aburrimiento. Los parroquianos fallecidos del bar comentan, risueños, que el mismísimo Conde Drácula murió de miedo. Que el juez no supo como caratular la causa y la cajoneó.

 

Paraná Guazú

Le pregunto al río lento de donde viene y me arrulla una música que me convence. Dice que no va ni viene, que siempre está ahí, que lo que corre es el marrón de su tintura, impulsado por las plantas de irupé y una voz humana que lo espera al pié del océano para cambiarle el color.

 

Chau

Ella me dejó, así como así, de la noche a la mañana, sin porqué. Sufrí y sufro pero no me importa, he decidido amanecer, como un tibio y radiante sol de mayo.

Walt Disney
En el futuro, la máquina del tiempo no ha sido inventada.

Yo
Escribo mi propio destino de libertad, después él, que haga lo que pueda.


Ciclo evolutivo
Mi cuerpo transcurrió de célula a cenizas. Mi ser, no dispuso de tanto tiempo.




jueves, 25 de junio de 2015

Junio, mes de recuerdos y frío.


Despensa y crédito (1968)


Vivíamos en calle San Juan 4580 casi llegando a calle Pascual Rosas, en el barrio Echesortu. Por cierto, una casa enorme con cuatro habitaciones, zaguán y dos patios. En la esquina estaba el almacén de doña Pepa, que atendía junto a su hijo Manolo, porque el marido trabajaba en el puerto. Había llegado desde Andalucía hacía algunos años y aquí conformó su familia y su negocio. Pese a esta ventaja geográfica, mi abuela Virginia iba a otro almacén para la provista diaria, eso era a unas tres cuadras, por calle Servando Bayo. Cuando le preguntábamos para que caminar tanto, abuela se excusaba diciendo que Pepa no era una persona de fiar.


Viuda

Desde el momento en que la vio, comenzó a sentir murciélagos en el estómago. Resuelto, fue y le clavó los dientes en la yugular, en el mismo instante que amanecía.

Germen

Cuando nos propusimos poner a geminar éste amor incipiente, pactamos cultivarlo, regarlo, adorarlo, madurarlo y nos salió una planta carnívora.



Dictadura del propietariado.

Los nuevos y ultramodernos edificios inteligentes no permiten ser habitados por personas.

viernes, 19 de junio de 2015


El viaje

Transitamos por una ruta desierta de Enero, voy de acompañante por vacaciones en la escuela. El motor del camión ronca su velocidad crucero sufriendo la carga máxima. La radio hace gárgaras con el sonido y la música pierde su sentido, va y viene, a nadie le importa. El calor calza por los pies y la ventanilla abierta ventila mi cara y sacude el banderín de River. Afuera hay sol, a veces sosegado por las nubes que también viajan dibujadas en el suelo liso y llano, testigo de instantes. El paisaje resulta innecesario. Salvo antes de las curvas, no hay carteles que alerten sobre nada. La doble franja amarilla hipnotiza si las miras fijo, cada tanto se convierte en víboras. También hipnotiza el horizonte que se hace de agua por el efecto espejismo donde arde el asfalto y el más allá que vamos a buscar para dejar la carga, detrás de las montañas debiera estar esperándonos. El que conduce es mi viejo, treinta años arriba de los fierros. Él es de pocas palabras cuando, rara vez, las utiliza. Solo charlamos en los bares de las paradas, algo referido a la comida, al café o al horario esclavizante del viaje, eso es todo. Una vez me dijo que le gusta su profesión, que a pesar de estar lejos de los afectos, disfruta la soledad del camino. A veces noto que tiene sueño porque cruza el brazo en el volante, no me dice nada pero lo sé, se de la monotonía de conducir kilómetros y kilómetros y las cosas que se te cruzan por la cabeza y la atención a la ruta mezcla todo como un coctel imaginario. De noche las estrellas se multiplican y la doble línea amarilla obnubila si las miras fijamente, brillan por reflejo de la luz alta. La cúpula nocturna tiene vida propia, cada tanto escupe alguna estrella fugaz, entonces pido tres deseos. El primero es que mi viejo no se duerma, el segundo que se despierte antes de la curva y el tercero que algún piadoso le avise a mi vieja.

sábado, 23 de mayo de 2015

Semillas de palabras


Evanescente

Vivo en una burbuja urbana de soledad llamada madrugada. Puedo dar testimonio con precisión absoluta cuando se apaga el ruido y se enciende el silencio, aunque no pienso develar ese instante secreto. Los gatos y yo, somos testigos de los sueños de los vecinos porque los vemos mecerse en las ventanas hasta que se evaporan y dejan su estela de cenizas blancas y brillantes. Al rato, amanece.

¿En qué parte de mi cuerpo habita el alma?

¿Estará en la mente o en la voluntad de mis ojos? ¿En la yema de los dedos o en la planta de los pies? ¿En los genitales o en el culo? ¿En el corazón latiendo, sujeto a las vísceras o en el hollejo de la piel quemada por el sol? ¿Habrá sido extirpada en alguna intervención quirúrgica por mala praxis? Entonces ¿debo reclamar a la mutual o a la ley? Llegado el caso que requiera la intervención de la corte y la balanza de la justicia se tuerza para mi lado ¿El estado devolverá la mía o repondrá otra en su lugar? ¿Mi abogado me defenderá hasta las últimas consecuencias o se corromperá en los pasillos de los tribunales? Demasiadas preguntas para un desalmado común y corriente.



Estado de coma
Fue desconectado hace diez días y su carne estaba en descomposición, pero murió tan enamorado que su corazón aún late por ella.

Desencanto
Necesito saber, urgentemente, en qué misterioso rincón de este mundo, el viento archiva las palabras que se lleva. Imagino que, una gran sala de “te amo”, debe ser la más poblada.

Impudicia
Puntualmente, abre sus piernas a las diez y diez.
Estudiante de geología.
Creo que me enamoré de una mina a cielo abierto.
Rencor
Siempre se vuelve a la primera traición. Por morbo o por venganza.