domingo, 3 de diciembre de 2017


Sabiduría popular

En el pueblo de mis abuelos, y perdón por la distancia, había un tipo al que todos conocían, Rogelio Colarte, en paz descanse. Era alto, buenazo y analfabeto. A la escuela solo asistió a levantar paredes, colocar los tirantes del techo y palear el pozo del aljibe. Los domingos al atardecer, en la plaza principal de Victoria, solía dar la vuelta al perro con un indisimulable libro bajo el brazo. Por otra parte, siempre el mismo. Quién sabe… tal vez lo hacía para seducir a las damas o ganarse su atención. Lo apodaban “sobaco instruido”.

2 comentarios:

  1. Simpático relato nos traes. El pueblo tan ocurrente como siempre.

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  2. Inagotable fuente de inspiración. Gracias Javier.

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